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La culpa no es del chancho

El próximo miércoles 15 de abril vence el plazo para sacarse la Credencial Cívica en Uruguay. Este documento es el que nos permite votar y, en mayor medida, a certificar que hemos ejercido nuestra obligación de votar. Aquellos que no la tengan (o que, por diferentes razones no puedan certificar que han votado) son pasibles de multas, no podrán presentarse a cargos públicos, ni dar exámenes en la Universidad de la República.

Pues bien, como siempre sucede cada cuatro años, las oficinas de la Corte Electoral se ven asaltadas por hordas de personas sin almanaques, que viendo que la fecha se acercaba inexorablemente, se largaron a solicitar el documento. Como era previsible, la Corte Electoral ya dijo -a quien quiera escucharlo- que no podrá hacer frente a esa demanda. ¿La solución? Ampliar el horario. En vez de cerrar a las 15 horas como todos los días, el miércoles 15 se colocará un cerco policial para poder trabajar lo mejor posible hasta las 0 horas.

Hay dos formas claras -por lo menos- de ver esto. Por un lado, podríamos decir que qué bueno el Estado, que se preocupa de sus ciudadanos que durante cuatro años -contando las vacaciones- no pudieron pedirse ningún día libre para ir a hacer el trámite (eso sí: semana de turismo todos afuera, eh?). Por otro, el Estado nos rasca el lomo. Evita, a toda costa, que aprendamos de los errores. Porque si uno no paga las cuentas, en algún momento habrá una amnistía, con grandes descuentos. Y esta vez sucede lo mismo: no importa que yo no haya encontrado una sola tarde en más de 1.400 días: nada me va a pasar, porque el Estado empleará recursos (que no tiene) en hacer trabajar horas extras (que no puede pagar) a sus empleados para que todos nosotros podamos votar.

Y yo digo no!. Basta de este padre sobreprotector que de todo y todos nos salva. Dejad que los estúpidos se equivoquen, dejad que lleguen tarde y vean las puertas cerradas, que no puedan votar, que sean multados, que no puedan rendir exámenes en la facultad, y que además pierdan la posibilidad de ser taquígrafo del Palacio Legislativo y ganar más de 40.000 pesos mensuales. No estoy seguro de que aprendan a pescar, pero seguro que comprenderán la utilidad de los calendarios.

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