Al abordaje!

Las grandes ideas, los grandes proyectos, parten generalmente de un estudio certero de la sociedad. Y en el caso de 826 Valencia la situación no es diferente. Viniendo de una familia con varios maestros y profesores, Dave Eggers comprendió que la verdadera diferencia en la educación es el trabajo personalizado: un maestro por cada alumno. Aunque, con clases de 40 alumnos, y con maestros que tenían cinco clases diferentes, la ecuación se volvía altamente complicada: era imposible destinar aunque sea una sola hora a la semana por niño. Obviamente faltaban más personas para poder hacer que ese sistema funcionara.

Pero claro, en un planeta de más de seis mil millones de habitantes, las personas no son justamente un recurso acotado. Así que con la excusa de montar una oficina que sirviera para las instalaciones de McSweeney’s (el diario literario que Eggers lleva adelante) adquirió, junto a Nínive Calegari, el local ubicado en 826 de la calle Valencia, en la ciudad de San Francisco. La idea era por demás simple: en el fondo del local funcionaría la editorial McSweeney’s, mientras que adelante funcionaría un tutoría a alumnos de entre 6 y 18 años que necesitaran mejorar sus habilidades en la escritura, recibiendo atención individualizada en sus tareas y sus proyectos después de salir del colegio. ¿Los tutores? Los mismos que trabajaban en las oficinas del diario literario. “La idea era que, sin importar en lo que estuviéramos trabajando, a las 14:30 los estudiantes llegarían, y dejaríamos todo para trabajar esas horas de la tarde con ellos” explica Eggers en una de las conferencias de TED.

Sin embargo, debido a las disposiciones legales de la zona, en la dirección donde se encontraba el local solamente se podían instalar comercios que se dedicaran a la venta de productos. Y un centro de tutoría no entraba, precisamente, en esa descripción. Mucho menos cuando todo el proyecto se basaba en el voluntariado. “Limpiamos todo el lugar y encontramos que bajo la alfombra existían pisos de madera hermosos. Y mientras estábamos ahí alguien comentó: `vaya, esto se parece al casco de un barco`. La idea resultaba entonces obvia: venderíamos artículos para bucaneros”. Y así se hizo: el local –de forma de “legalizar” su existencia- funcionaría como una tienda de artículos para piratas, y en el fondo de ésta funcionaría la editorial de McSweeney’s y el centro de tutores.

<Finalmente, con el proyecto listo, se abrieron las puertas. “Y esperamos… pensamos que les iba a encantar la idea. Pero obviamente no. Pasaron semanas y semanas en las que nadie entró al local; por lo que creímos que quizás pensaban que existía alguna clase de trampa porque… bueno, ¡operábamos detrás de una tienda para piratas!”. Sin embargo, con la ayuda de algunos maestros y profesores amigos, los niños comenzaron a llegar y el lugar se transformó en un punto de referencia.

Los niños terminan 17:30 sus tareas y se marchan a sus casas. No pasan el resto de los días haciendo los deberes frente al televisor, sino que salen a jugar, a pasar tiempo con los amigos, lo que hace una familia feliz. Varias familias felices en un barrio, hacen una comunidad feliz. Varias comunidades felices unidas hacen una ciudad feliz, y un mundo feliz… ¿verdad? ¡Y en todo esto la clave son las tareas escolares!”. El entusiasmo que derrocha Eggers es contagioso y prácticamente no hay forma de no querer involucrarse en semejante aventura. Quizás es por eso que en muy poco tiempo 826 Valencia –que comenzó con tan solo 12 personas hoy cuenta con más de 1.000 voluntarios.

El proyecto marchaba, para ser justos con el contexto, viento en popa. Sin embargo existían interrogantes que no habían sido resueltas. “¿Pero qué sucedía con aquellos que no tenían padres que no podían acercarlos al local o que vivían demasiado lejos? Fue así que 826 Valencia pasó de ser un centro de tutoría en la escritura (uno divertido y personalizado, por cierto) a ser un proyecto en varias escuelas a lo largo de la bahía de San Francisco en donde los maestros trabajaron a la par con los tutores en los salones de clase dentro del horario escolar.

Lo mejor de las buenas ideas es que, una vez que las personas las conocen, comienzan a hablar de ellas con todo el mundo. “Nos dimos cuenta que algo extraño comenzó a pasar con la Tienda de Piratas… ¡comenzó a dar dinero! No demasiado, pero sí para pagar la renta. Las personas llegaban para saber de qué se trataba todo, y cuando veían cómo era, y a los niños trabajando con sus tutores, estaban más dispuestos a comprar, por ejemplo, un protector de garfio para las noches. Y mis amigos en Brooklyn pensaron que sería una buena idea hacer lo mismo, aunque no querían vender artículos de piratas; así que abrieron una tienda de Artículos para Superhéroes. ¡Y tiene de todo!: tiene el contenedor de villanos (donde los niños ponen a sus padres), un kit de identidad secreta. Y detrás de todo eso está el centro de tutores con los mismos principios básicos: atención personalizada y completa devoción hacia el trabajo de los alumnos”.

Fue así que lo que en principio comenzó como una ayuda para los estudiantes en sus proyectos de escritura en la zona de la bahía de San Francisco, se convirtió en 826 National, una organización que hoy cuenta ya con presencia en siete ciudades de Estados Unidos. “Algunos de estos niños no saben cuán magníficos son, ni cuánto tienen para decir. Nosotros podemos decirles, podemos iluminarlos mediante la atención individualizada. Ellos se van con nuevas habilidades y una pasión refundada en la escritura. Y luego… vuelven.”

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