Cada cierto tiempo mi tío (que en alguna medida fue el que gestó la idea de este tipo de escritura hace ya mucho tiempo) manda algunos artículos a mucha gente, entre los que estoy. No sé si los escribe él, si los roba, si son de otros que usan su mail. Pero son buenos, y da gusto compartirlos. O por lo menos no perderlos.
El niño que había dado a luz María, a las once y cuarto de la noche del 25 de octubre de 1881, no respiraba ni se movía.
Tras inútiles esfuerzos para revivirlo, la comadrona abandonó el cuerpo inanimado sobre una mesa y dedicó su atención a la madre.
El marido de María, José Ruiz, y los familiares que se habían congregado para ser testigos del nacimiento, lo dieron por muerto; pero no así Salvador, el hermano más joven de José y médico de gran habilidad y prestigio.
Inclinándose sobre el niño, le sopló en la nariz humo del puro que estaba fumando, y allí donde la comadrona había fallado, el humo del tabaco tuvo éxito e hizo reaccionar al bebé.
Así, el primer hijo varón de la familia Ruiz, al que le pondrían el nombre de Pablo, inició su vida “con una mueca y un grito de furia“…
La celebridad y la leyenda de ese niño estarían fundadas en la furia de su primer encuentro con el mundo.
Hoy en día, a ese niño, lo conocemos bajo el nombre de Pablo Picasso.
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