No, no todos somos iguales

Por más que la Constitución de nuestro país se empeñe en decirlo, lamentablemente, no somos todos iguales. Y no hablo hoy sobre que las mujeres tienen menos sueldo, o que los pobres no tienen las mismas oportunidades que el resto. No. Hoy hablo de los empleados públicos.

Son denostados, principalmente porque han tenido una capacidad asombrosa de, entre otras cosas, lograr lo que quieren. Es decir, hablando en términos generales, lo que levanta los ánimos del resto de la población son, en realidad, sus conquistas sindicales. Han logrado que se les pague por productividad, que sus familiares tengan cobertura médica asistencial, que se les pague por presentismo (es decir, por ir a trabajar), que tengan mutualistas propias en cada ente autónomo, que el resto de la población financie sus parques de vacaciones, que se les aumente su salario sin que lo pidan. Todo esto y mucho más. Y, justo es decirlo, yo los aplaudo.

Ojalá en mi trabajo -y en el de todos los otros privados que andan trabajando por ahí- me dieran premio por ir a trabajar, por productividad, que me aumenten un 30% el sueldo sin que lo pida, y que otra empresa sea la que financie mi colonia de vacaciones.

Aunque claro, si yo fuera gobernante (tiemblen muchachos) más de uno de esos logros sindicales se irían al garete. No porque no sean buenos, sino fundamentalmente porque no son justos. No es justo que la población entera te pague por ir a trabajar (no por trabajar, sino por ir) o la asistencia sanitaria a tus familiares.

Pero hoy (perdonen que me fui de tema quizás) voy a hablar de algo que, además de ser injusto, atenta contra el equilibrio social. Cuando nos mudamos en noviembre, los antiguos dueños nos pagaron las cuentas que, todavía, no se habían vencido. La que más nos llamó la atención fue la de UTE. Por conceptos de energía eléctrica nos pagaron 400 pesos. Ambos trabajaban en UTE y, por lo tanto, tenían un descuento más que importante en su pago mensual.

Gracias a que las facturas de UTE te permiten ver el consumo de los meses anteriores hasta un año, hoy podemos ver lo que ellos gastaban en abril del mes pasado. A ojo, más de tres veces que nosotros. Hemos cambiado todas las lamparitas por lámparas de bajo consumo, tenemos siempre desconectado el calefón, horno a gas, apagamos las luces cuando no estamos en los cuartos, lavamos la ropa una vez por semana. Y sobre todo: somos solo dos. Así y todo, es imposible que, alguna vez, lleguemos a pagar lo que ellos pagaron.

La pregunta salta a la vista entonces… si ellos consumían más (consumen, porque en su nueva casa deben gastar tanto o igual que antes), ¿por qué pagaban menos? Básicamente porque el resto de la sociedad pagamos la diferencia. Y esto tiene dos consecuencias claves. Primero, que por un lado se genere esta injusticia de que entre todos les financiamos los gastos personales a los empleados de una empresa. Pero por otro, no existe (no puede haberlo) ninguna capacidad de raciocinio sobre las consecuencias de mal utilizar la energía. Porque, no importa cuanto yo la malgaste, no pagaré jamás por ella. Si dejo o no el calefón todo el día prendido, no tengo consecuencias reales.

4 Responses to “No, no todos somos iguales”

  1. Que raro… la verdad es cierto lo que decís, es injusto, no pensé que fuera así. Nuestro problema son los gremios y los delegados, pero a la vez son nuestra “salvación”, por decirlo de alguna manera.
    Según el gremio al que pertenezca la empresa (pública o privada), cada tanto hacen arreglos con el gobierno para aumentar cierto porcentaje, otro tipo de aumento, presentismo, premio por productividad, etc, corre por cuenta de la empresa salvo que sean empleados públicos, pero en el sector privado todo eso existe y se cumple, dentro de todo.
    Mi problema particular es que el gremio al que pertenezco siempre es el que hace los peores arreglos… para los empleados, obvio.

  2. Como yo lo veo Jes, los privados pueden hacer lo que quieran. Es decir, si yo soy dueño de una empresa y quiero darle a todos mis empleados un auto por año, bien por ellos, bien por mí. Y si me fundo, será cosa mía (y pobres mis empleados que no cambiarán tan seguido el auto).

    Pero el Estado somos todos. Y no veo por qué yo les tengo que pagar la luz, el agua, el teléfono, la atención médica de los padres, el arreglo de los dientes de los hijos, y el parque de vacaciones a los empleados públicos. Ellos, no deberían tener esos beneficios a costa de nuestros salarios.

    Por lo menos lo veo así… mi gremio? bien gracias. El periodismo está por la lona en estos días…

  3. Me parece que lo que decís tiene mucho sentido Fede (talvez el cómo lo decís es más discutible, pero es tu estilo).
    En mi opinión personal muchas de esas conquistas sindicales como la cuota mutual, la guardería del palacio legislativo o el descuento de UTE que comentás son producto de pésimas negociaciones que históricamente se hicieron -casualmente- en épocas electorales, pero que no son tan evidentes en el presupuesto como un aumento del rubro sueldos.
    Yo soy el primero en defender las conquistas sindicales, pero aclaremos que el trabajo se debe pagar con dinero, no especias. Así como me parece mal que se pague el 20% de un sueldo con tickets, creo que los empleados públicos tienen que poder pagarse una mutualista (o sea, tener un sueldo que se lo permita), pero no lo tiene que hacer el estado. Eso genera grandes inequidades entre los empleados públicos y termina en reclamos porque siempre esas cosas se terminan igualando para arriba.
    Finalmente sobre el gremio de los periodistas… que te puedo decir. Ustedes tienen el gran problema de una enorme mezcolanza entre los trabajadores y los patrones. No me malinterpretes pero mientras los periodistas sigan aferrados a cosas tan artificiales como la APU (que sabemos bién qué intereses defiende) van a seguir en la lona.
    A modo de autocrítica, aclaro que yo soy publicitario y nosotros somos tan cornudos que ni medio gremio tenemos.

  4. Claro, claro… el problema no es de los gremios, ni de los sindicalistas. Está bien que pidan más, es decir… es la base de su funcionamiento. Más y mejores sueldos, más y mejores prestaciones, etc. El problema es, cuando todo lo que piden (y más) se da… y eso lo pagamos todos. Yo no tengo problema con los gremios… pero no me queda del todo claro por qué le tengo que financiar la operación de las muelas de juicio del hijo del que trabaja para la Intendencia cuando, además, cobra bastante más que yo.

    APU? Unos ídolos! Y el pseudogremio de los periodistas deportivos? Esos son mejores todavía!

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