Lo dijimos antes, lo decimos ahora
En otro blog que escribía antes un día escribí sobre que, a diferencia de otros países, los orientales nos caracterizamos por esperar a que un hecho pase repetidas veces para, después, ver cómo hacemos para actuar. Es decir, ante hechos lamentables, es cierto… todos nos preocupamos, nos lamentamos, pero no mucho más. Tiene que pasar por lo menos dos o tres veces más para que ahí recién pidamos explicaciones a las autoridades, que actuarán como preocupadas. Y ahí hay dos caminos. O efectivamente cambian las acciones, o se armará lío, pero después no quedará en nada.
Y ahí se hundió el ROU Valiente con soldados que no sabían nadar. Fue dramático. Realmente dramático. Con una ayuda que tardó en llegar más de 3 horas, con barcos que no tienen combustible, con capitanes que no respetan las normas básicas de la navegación (cambia de rumbo el que es más chico, acá y en la China). ¿Qué sucedió? Tapa de diarios durante una semana, informes especiales de todos los informativos. Se castigó a los responsables del hecho (a los marinos sobre todo), pero no demasiado más. No se cambió el método de trabajo, ni los barcos tienen combustible, ni los soldados marinos saben nadar más que antes. Quizás necesitemos otro barco hundido, otros 11 muertos.
Los accidentes no pueden ser prevenidos del todo. Yo puedo ser todo lo precavido que quiera, pero mañana puede venir un tipo y tirar una maceta desde el octavo piso y matarme sin más. Por más que yo camine por la vereda y con casco. Sin embargo, hay dos cosas que sí se pueden hacer: trabajar para minimizar el riesgo, y saber cómo actuar en caso de accidente. En caso del ROU Valiente, claramente no se supo manejar lo segundo. Pero en la vida diaria vemos situaciones que perfectamente podrían ocasionar accidentes y que no son cuidadas. Simplemente pensamos “eso no va a pasar” y listo. Hasta que pasa.
Martes, 3 de la tarde, en pleno centro de la ciudad. Los chicos salen de los liceos, la gente da vueltas por la calle más transitada de la ciudad. 18 de julio arde de gente, y además hace un día lindo para caminar por la plaza. Se viene el día de la madre, y las galerías están llenas de gente (más que de costumbre). Como de costumbre el camión de Prosegur estaciona donde quiere, con el fiat uno blanco detrás, y se dispone a retirar el dinero del Banco de la Galería del Notariado. Dos guardias fuertemente armados acompañan a los empleados de Prosegur a retirar las bolsas de dinero, mientras que cuatro más se quedan custodiando la entrada al banco y el camión blindado. Como siempre, la gente lo toma como normal y sigue su vida. Hasta que sucede el accidente. Una escopeta de calibre 12 se dispara, rebotando los perdigones contra el piso. Un policía resulta herido en una pierna y, otra persona, en un brazo.
Los diarios no le dan portada. No murieron 11 personas. De hecho, no murió nadie. La televisión le da más interés, pero solo por un rato. Fue un error: debió haber muerto alguien. Parece que no entendemos de otra forma.
A diferencia de otros países (sobre todo los del norte del Ecuador) aquí no ha pasado nada por qué alarmarse. En otro país seguramente la alarma se hubiera encendido. Más si, en vez de en una galería, el tiro se hubiera escapado en un supermercado, con niños dando vueltas. En otro país seguramente cambiarían el sistema, modificándolo para que el dinero lo retiraran de noche (donde generalmente los supermercados están cerrados, y la gente duerme). En otro país le daríamos importancia. Acá no.
Es que no murió nadie.
Archivado bajo: Leyes, Orientalidades, Uruguay, curiosidades, día a día, política | Etiquetado: accidentes, el indio que vale es el indio muerto, seguridad





No tengo problemas en que se informe a la población sobre algunos temas de seguridad, la cuestión es que no sé si pasa por hacer “alarma” o “urgente” de todas y cada una de las cosas que puede ser peligroso y generar una alarma constante, sólo porque todos los días tienen que tener una noticia para dar. Pero coincido en que hay cosas que no se saben y no son solamente las malas o las creadas desde la incompetencia, sino otras buenas que también pasan desapercibidas. No sé, mi opinión.