Cultura Nacional

En Argentina sucede desde hace mucho tiempo. Cada vez que se juega un clásico, Buenos Aires aparece inundada de “publicidades” mencionando las características de uno u otro cuadro. Generalmente con bastante humor e ironía. Es algo que a mi me sorprendía, porque en realidad no es estrictamente una publicidad. Nadie que no era de River Plate se iba a hacer de River por ver uno de esos cientos de miles de carteles que empapelan la ciudad el lunes. Ni nadie hincha de Lanús se iba a ser hincha de Boca por verlos. Era más bien una gastada más, una sobrada. Y uno que la ve de acá, que el fútbol es bastante pobre, se divertía medio que de lejos. Medio que con envidia, por qué no. Porque, se quiera o no, es la demostración máxima de inteligencia. Cualquiera ataca con una piedra, pero con las palabras es otra cosa. Como decía Einstein, “aquel mono que insultó en vez de tirar la primera piedra, fundó la civilización”. O algo así.

Ayer después de escuchar el partido de Nacional - Coronel Bolognesi por la Copa Santander Libertadores de América, me senté a ver la tele. Me había quedado con unas ganas bárbaras de ir, y sentía esa especie de euforia que se siente después que -poco más que empujando literalmente al otro cuadro- se logra ganar. Me tiré en la cama a ver la televisión y lo ví. Genial, sutil, brillante. No publicita nada, porque no soy más o menos hincha que otro. De hecho, solo sirve para molestar a “los otros” y para sentirnos bien “nosotros”. Todos los que no entran ni en “los otros” ni en “nosotros” ni siquiera se sentirán aludidos. Y sin embargo… A Nacional lo hace grande su gente, de eso no me caben las menores dudas. Gente inteligente.

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