Un profeta en su tierra
Desde hace mucho tiempo tengo como esa necesidad imperiosa de ayudar a los turistas. Más que ayudar, es más bien conversar con ellos. Quizás debería haber sido agente de viajes, o guía turístico. O viajero, que seguramente es más divertido. Pero como no soy ninguna de esas cosas, me contento con estar por ahí y conversar con algún turista, o responderle alguna pregunta… o simplemente escuchar los tonitos de los que pasan.
Hoy tenía que ir a Zonamérica, entonces me levanté temprano y me tomé un bus para el aeropuerto. Me bajé, y me quedé esperando el que me llevara a mi trabajo que, por alguna razón del destino, tardó muchísimo (más de 40 minutos en pasar). En la parada del aeropuerto –uno de los únicos en el mundo que debe tener ómnibus urbanos que pasan por la puerta literalmente- había un grupo bastante homogéneo de personas: trabajadores del aeropuerto, gente que iba a trabajar como yo y hacía ahí su parada momentánea, y algunos turistas. La mayoría argentinos (no sé si turistas es la palabra, más bien venían por el día a hacer negocios).
De pronto se largó a llover y como dios manda, nos pusimos todos debajo del techo de la parada. Como era de preveer, se llovía. En eso un mexicano (cosa que sería confirmada más tarde) me preguntó que ómnibus le servía para ir para el centro de la ciudad.
- “Cualquiera que diga Montevideo”, fue más o menos mi respuesta.
- Ah… ¿y esos que dicen Ciudadela?
- Pos también… ciudadela, Montevideo, todo lo mismo
Ahí nos pusimos a hablar con el muchacho mexicano, que venía solo por tres días a Montevideo y que, nomás a la salida del aeropuerto se encontraba con algunos problemillas (además de la lluvia, no le era fácil entender para dónde quedaba la ciudad). Por si fuera poco había dejado su mapa en Buenos Aires entonces, si bien sabía qué cosas quería visitar (el Mercado del Puerto, el Teatro Solis, etc) no sabía dónde estaban. Por suerte para él, todo queda medio cerca.
Como por arte de magia –seguramente por estar todos amuchados bajo la parada escapando de las goteras- el resto de los extranjeros rápidamente se acercó a preguntar algo (“qué ómnibus me sirve”, “cuánto sale”, “dónde me tengo que baja”, “qué onda con el cambio”… y cosas así).
Entonces me di cuenta –en realidad yo lo venía ya pensando hace mucho tiempo, pero como que ahí me golpeó- de que no estamos capacitados para recibir ningún turista. Un turista que llega no puede por sus propios medios llegar a ningún lado, por más que preguntando a Roma se llega. No sabe qué líneas de ómnibus le sirven para ir al casco histórico, ni dónde pedir un mapa, ni dónde hay puestos de Información Turística, ni siquiera cuánto cuesta el transporte urbano.
Es cierto, a nosotros nos cuesta montones darnos cuenta. Yo sé qué ómnibus me tengo que tomar para ir y volver del trabajo. Y para ir a casi todos los lados de la ciudad también. Y sino, siempre tengo alguna herramienta online. Pero los turistas no. Y es una vergüenza que apostemos a tener más turismo, si ni siquiera podemos tener algo tan básico como mapas en el aeropuerto o diseños gráficos (como en los metros) del recorrido del transporte capitalino.
Finalmente mí ómnibus vino, y dejé al mexicano con algunas dudas, pero con varias certezas también. Durito, con un billete de 50 en la mano, esperando cualquier ómnibus que dijera “Montevideo”. Al final, nos merecemos tener a todos los turistas en las playas y nada más.
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No creo que no estemos capacitados para recibir ningun turista, porque llegan y hay muy buen trabajo en algunos lugares tanto del Estado como de privados. Aunque si, en senalizacion, informacion, hay carencias (horrores) brutales que tienen que ser rapidamente corregidos. Una de mis frustraciones el anio pasado fue en Colonia, donde nobleza obliga, reconocer el trabajo desplegado por la gente, pero el estado y calidad de lo que se exhibe en algunos museos (asi como que pocos hablan ingles) es un problema. Lo del ingles, no lo digo por hacerme el fino, es el segundo idioma mas hablado del mundo. Falta.. pero si algo hay de consuelo, parece que la madre patria, tienen una historia parecida, en algunos de sus balnearios..
maresdelsur, estoy de acuerdo: no es que no tengamos que recibir ningún turista. Pero creo que tenemos los que nos merecemos. El turismo de playa es relativamente fácil de conseguir: uno no hace demasiado. De hecho, hasta hacemos las cosas mal. Recuerdo una vez que en La Floresta pedían 1.000 dólares por el mes por una casa a una cuadra de la playa. Es decir: todo bien, pero La Floresta no tiene nada que pueda hacer que un mortal quiera pagar 1.000 dólares por 30 días. Hay infinitas playas mejores que las de Uruguay, por lo que nos deberíamos preocupar para que los que vengan tengan un plus.
Y si además no “ayudamos” demasiado a los que vienen orientándolos… qué sé yo.
Lo del transporte urbano no sólo serviría para los turistas sino también para mucha gente que viene de los otros departamentos del país… también gente que puede venir por uno o dos días y necesita información para llegar a un lado u otro.