Es el karma

“Nos vamos a ganar esa televisión”. Fue más o menos así. No fue una premonición, fue una orden. 4 televisores por hora, 14 horas, 56 televisores en total en la noche de los descuentos del Shopping Punta Carretas. Cuando escuché por primera vez el aviso me dije: “nos vamos a ganar esa telvisión”. Un televisor philips flat de 32″, nada despreciable. Entonces empecé a ver cuáles eran la forma de que pudiera cumplir mi destino.

Calculé que si sorteaban 4 televisores por hora, y solo participaban los cupones de esa hora (te daban para el sorteo un cupón cada 500 pesos), teníamos más chances de ganar cuando no hubiera gente. O tanta gente. A las 22 era obvio que el shopping iba a estar hasta las manos de gente comprando. Así que decidí que nuestra hora sería a eso de las 4 de la mañana. ¿Quién, en su sano juicio, va a comprar un regalo de navidad a las 4 de la mañana?

Así que a las 3.30 de la mañana sonó nuestro despertador y marchamos a buscar el auto. Y después de recorrer más de 20 kilómetros nos dimos cuenta de que, efectivamente, muchísima gente compra regalos de navidad a las 4 de la mañana. Más cuando regalan cosas, y hay descuentos. Estacionamos a cuatro cuadras del shopping y entramos a ver. Mi supuesto (4 televisores por hora, y que solo participen los que compran en esa hora) se fue al piso: participan todos los cupones. Desde las 12 del mediodía hasta la hora que se sorteaba. Lo bueno es que los televisores se sorteaban sí o sí, por lo que ya no eran 4 por hora (porque los ganadores ya no estaban en el shopping) lo que aumentaba alguito nuestras chances.

Compramos tres cosas -no teníamos ni siquiera demasiado dinero como para canjear demasiados cupones- y pusimos los cuponcitos en la cuponera. Flo se guardó los números. Primero, segundo, tercero… el tercer televisor sorteado a las 5 de la mañana fue el nuestro. Nos ganamos un televisor philips flat de 32″. En mi vida me había ganado algo, y nunca había tenido tanta convicción de que lo iba a hacer. De hecho, pasé semanas bancandome las jodas de mis amigos y parientes porque yo decía que “me iba a ganar un televisor”.

Pero… el yan me vino a romper las pelotas. “Es el karma” me acaba de decir Nicolás, mi primo. Nos fuimos de campamento con los scouts a Minas, y en una travesía en canoa la tarrina quedó mal cerrada y le entró agua. Pan mojado, queso mojado, jamón mojado, ropa mojada… celular mojado. Ni reaccionaba el pobre. De la noche a la mañana me quedé incomunicado. Retrocede 5 casillas y pierde un turno. En el service oficial no lo reparan, porque se mojó y no pueden darme garantía de sus trabajos.

Ayer llamó flo al service no oficial: $3.300 y no hay garantía: “puede durarte un día o seis meses, nadie sabe”. Casi la mitad del costo del celular cuesta repararlo, y no hay garantía. Por más que todos me cuentan la historia del amigo que tiró su celular al agua, al water, a la piscina… y les funcionó.

Y yo sigo acá: gordito como siempre, sin poder hablar, pero con tele nueva. Yin y yang.

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