¿Dónde estará Martín? Aquel niño que, a fines de la década de los 80 / principio de los 90 hacía la publicidad de los jugos Jugolín. “¿A dónde vas Martín?” preguntaba la madre al verlo partir en su autito a pedal. “A tomar jugolín” (y sí… a dónde más iba a ir. Si fuera de baterías Heliar la publicidad, te acepto que diga “a cambiar la batería y conseguir un poster del taller mecánico, pero no…). Depués el purrete llegaba a la “estación” y pedía: “de naranja, y bien lleno”. Martín, que ahora debe tener ya una edad más o menos coherente debe estar yendo y viniendo de departamento, viendo en dónde empadrona el auto.
En Uruguay la patente ya no es lo que era. ¿Alguna vez lo fue? La patente debería ser un impuesto que se paga por utilizar la red vial. Es decir, como yo tengo un vehículo y con eso contamino, molesto con el ruido, y desgasto la red víal, pago un impuesto para que se reinvierta en la caminería y cosas similares. Pero el espíritu del impuesto se perdió vaya a saber cuándo. En realidad en un país con 19 intendencias, parecería lógico que, cuando sus economías empezaran a teclear, se las rebuscaran para conseguir llenar sus arcas. Y entonces ya no paga quien más rompe, quien más contamina, quién más usa: sino el más nuevo. De hecho, si tenés un auto y nunca lo usás, pero es un último modelo, pagás más (mucho más) que un auto de 50 años. Y entonces surgió la guerra de las patentes.
Cada una de las 19 intendencias cobra un precio diferente por el empadronamiento de los autos. Y algunas amenazan con cobrar una taza de circulación a aquellos autos que no sean de ese departamento. Lo peor es que parecería ser socialmente aceptado que uno debe pagar la patente en donde vive. Claro, en algunos casos hay verdaderos problemas: porque por ejemplo uno puede vivir en un departamento y trabajar en el otro. ¿En dónde pago?
Este sistema que se ha pervertido, presenta -como dijimos- dos problemas. Primero que uno puede pagar donde no lo usa. Y el segundo que uno puede tener el auto que tiene mejores amortiguadores, que contamina menos, que frena mejor, que genera menos ruido, y sin embargo ser más castigado que aquel que tiene un auto sin amortiguadores.
Por si fuera poco la guerra de las patente dura años. Desde que tengo memoria por lo menos. Y desde que no también. Cuando la solución es bien simple: eliminar la patente. No soy economista (de hecho, a veces me cuesta hacer las cuentas) pero hay una frase que resume todo: lo que empieza mal, termina mal. Y entonces, si desde su más interna raíz la patente está mal, yo propongo eliminarla. Y sustituirla por algo mucho más simple: un impuesto a los combustibles.
De esta forma:
- Paga solo el que usa. Si yo no tengo plata para usar mi auto, pues no pagaré nada. Pero tampoco contaminaré, ni utilizaré las calles ni rutas. A su vez, puedo cobrarle a todos aquellos turistas o transportistas que utilizan y no pagan.
- Paga más el que más contamina, más rompe y más gasta. Los autos antiguos tienen, necesariamente, peor tecnología. Seguramente gasten más combustible, hagan más ruido, y tengan peores amortiguadores y frenos. Esto último sobre todo, es lo que más desgasta a la red vial. Son estos los automóviles que deberían pagar más, porque son los que más daño causan en todo sentido. Por si fuera poco, son estos vehículos los que causan mayores accidentes. Y por último, quizás así seguramente se fomente el recambio de flota.
- Se termina la guerrita chacrera de dónde empadrono o no. Este nuevo impuesto se cobra en los combustibles. Si yo cargo combustible en Montevideo, el dinero irá para Montevideo. Y si cargo en Artigas, irá para Artigas. Tan simple como 2+2=3. }
A ver si algún tipo inteligente se ilumina y se empiezan a hacer las cosas bien. Porque esto de tener que ver qué hacer con el auto ya se está poniendo pesado.
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Pero estimada pulga (o fue el piojo… manía de no firmar), esto no es un tema de que pague más el que usa el auto, el que contamina, o algo así… sino que se trata simplemente de Intendencias que no tienen tráfico de autos y sin embargo mantienen su presupuesto a costillas de patentes que no les corresponde.
Claro… pero es que sí: el problema es el primero y no el segundo. El tema fue que el impuesto se desdibujó porque las intendencias no tienen dinero y bla bla bla… pero nos olvidamos rápido de para qué creamos las cosas.
Eso y que se eliminen 15 intendencias y estamos hecho piedra!