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Cambio en el equipo

Los otros días hablábamos sobre la pésima estrategia que llevó adelante CTI Móvil al pasarse a llamar Claro. A tal punto que, a mucha gente, todavía no le queda claro a dónde se fue CTI y quién es claro. Asumo que más de uno se habrá preguntado “qué es esto?” cuando le llegó la nueva factura.

Pero aquí hay de todo, como en la viña del señor. Y así como hay cosas bastante tristes, como la de Claro (que inclusive se magnifica con algunas campañas no tan claras, como lo explica el Chino), hay también campañas más pensadas. Sobre todo en lo que refiere al público.

Por cuestiones que, seguramente, cuente más adelante (cuando las aguas estén más calmas) tuve que ponerme en contacto con la Unidad Coronaria Móvil (UCM para los amigos). “La Coronaria” fue el primer servicio de emergencia privado del Uruguay, y tiene como esa marca personalizada que uno le pone. A partir de los Champions, todos los championes se llaman championes… y a partir de la UCM todos los servicios de emergencia se llaman “la coronaria”. Aunque seas del SEMM. El punto es que, el único número que tenía de la UCM era, obviamente, el de emergencia. Y no era una emergencia (por lo menos, no del estilo que curan los médicos). Así que agarré la guía 2.0 y escribí www.ucm.com.uy convencido de que, el que no está, no existe.

Rápidamente me redireccionó a una página de emi, una empresa colombiana de salud que, aparentemente, tiene negocios en Venezuela, Ecuador, Colombia, Uruguay, y Panamá. Curiosamente tiene el mismo logo que la UCM (esa especie de línea del electrocardiograma, mezclada con un arcoiris). Hice clic en Uruguay y me llevó, ahora sí, a la página de la UCM que, si bien sigue siendo lo mismo, ya no aparece por ningún lado el logo.

No se llama más UCM. Por más que le queden algunos resabios en la página (que es más difícil de cambiar que un par de logos). Solo aparece el mismo logo de emi. Según lo que pude averiguar, el cambio será tan sutil que, difícilmente la gente se dará cuenta. Primero se eliminarán las siglas UCM de todas las ambulancias, página web, recibos, recetas, boletas, uniformes, etc. Solo quedará el electrocardiograma colorinche. Y, paulatinamente, aparecerá emi en las facturas. Pero solo ahí. El resto, solo electrocardiograma psicodélico.

Seguramente también haya algún tipo de campaña, pero apuesto a que será mínima. Y es que, en realidad, lo que menos quieren anunciar es que todo cambió. Esto está Claro.

Lo dijimos antes, lo decimos ahora

En otro blog que escribía antes un día escribí sobre que, a diferencia de otros países, los orientales nos caracterizamos por esperar a que un hecho pase repetidas veces para, después, ver cómo hacemos para actuar. Es decir, ante hechos lamentables, es cierto… todos nos preocupamos, nos lamentamos, pero no mucho más. Tiene que pasar por lo menos dos o tres veces más para que ahí recién pidamos explicaciones a las autoridades, que actuarán como preocupadas. Y ahí hay dos caminos. O efectivamente cambian las acciones, o se armará lío, pero después no quedará en nada.

Y ahí se hundió el ROU Valiente con soldados que no sabían nadar. Fue dramático. Realmente dramático. Con una ayuda que tardó en llegar más de 3 horas, con barcos que no tienen combustible, con capitanes que no respetan las normas básicas de la navegación (cambia de rumbo el que es más chico, acá y en la China). ¿Qué sucedió? Tapa de diarios durante una semana, informes especiales de todos los informativos. Se castigó a los responsables del hecho (a los marinos sobre todo), pero no demasiado más. No se cambió el método de trabajo, ni los barcos tienen combustible, ni los soldados marinos saben nadar más que antes. Quizás necesitemos otro barco hundido, otros 11 muertos.

Los accidentes no pueden ser prevenidos del todo. Yo puedo ser todo lo precavido que quiera, pero mañana puede venir un tipo y tirar una maceta desde el octavo piso y matarme sin más. Por más que yo camine por la vereda y con casco. Sin embargo, hay dos cosas que sí se pueden hacer: trabajar para minimizar el riesgo, y saber cómo actuar en caso de accidente. En caso del ROU Valiente, claramente no se supo manejar lo segundo. Pero en la vida diaria vemos situaciones que perfectamente podrían ocasionar accidentes y que no son cuidadas. Simplemente pensamos “eso no va a pasar” y listo. Hasta que pasa.

Martes, 3 de la tarde, en pleno centro de la ciudad. Los chicos salen de los liceos, la gente da vueltas por la calle más transitada de la ciudad. 18 de julio arde de gente, y además hace un día lindo para caminar por la plaza. Se viene el día de la madre, y las galerías están llenas de gente (más que de costumbre). Como de costumbre el camión de Prosegur estaciona donde quiere, con el fiat uno blanco detrás, y se dispone a retirar el dinero del Banco de la Galería del Notariado. Dos guardias fuertemente armados acompañan a los empleados de Prosegur a retirar las bolsas de dinero, mientras que cuatro más se quedan custodiando la entrada al banco y el camión blindado. Como siempre, la gente lo toma como normal y sigue su vida. Hasta que sucede el accidente. Una escopeta de calibre 12 se dispara, rebotando los perdigones contra el piso. Un policía resulta herido en una pierna y, otra persona, en un brazo.

Los diarios no le dan portada. No murieron 11 personas. De hecho, no murió nadie. La televisión le da más interés, pero solo por un rato. Fue un error: debió haber muerto alguien. Parece que no entendemos de otra forma.

A diferencia de otros países (sobre todo los del norte del Ecuador) aquí no ha pasado nada por qué alarmarse. En otro país seguramente la alarma se hubiera encendido. Más si, en vez de en una galería, el tiro se hubiera escapado en un supermercado, con niños dando vueltas. En otro país seguramente cambiarían el sistema, modificándolo para que el dinero lo retiraran de noche (donde generalmente los supermercados están cerrados, y la gente duerme). En otro país le daríamos importancia. Acá no.

Es que no murió nadie.

¡Parecido no es lo mismo señorita!

En el mundo hay (número más, número menos) unos 440 millones de seres humanos que hablan el idioma español. Son 440 millones de personas que hablan, en general, diferentes tipos de español. No es lo mismo pana para un venezolano que para mí. Sin embargo, el común de nosotros (miembros de esa masa de gente que habla el español) entendemos lo que el otro quiere decir cuando habla. Fundamentalmente porque hablamos el mismo idioma. A la vez, el Idioma Español es sumamente rico. Dicen que los saben que el idioma Español es el idioma de los escritores, el inglés el de los negocios, el francés el de los amantes, y el italiano el de los vendedores.

Entonces, conscientes de esto, debemos utilizar el idioma como corresponde. Porque ya lo dijo Kesman: una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa. La semana pasada un señor lleva a lavar su auto a una Estación de Servicio Petrobras. Lo deja, y se va a su casa para pasarlo a buscar más tarde. Una de las pisteras de la Estación mueve el auto, y lo lleva a la línea de lavado. Lo lavan. Lo saca de la línea, y se apresura a limpiarlo por dentro. Un poco de silicona por aquí, un poco de limpiavidrios por allá. Casi terminado. Solo resta aspirar los asientos. Es una tarea dura, pero alguien tiene que hacerlo. En determinado momento, mientras aspira el asiento de atrás, lo levanta y encuentra, para su sorpresa, $20.000 desordenados*. Lo comenta asombrada y, cuando el dueño llega le dice. El dueño le da $5.000 que son repartidos entre todas las pisteras como una propina más.

Los medios (fundamentalmente el noticiero del Canal 4 que fue donde yo lo vi) titularon algo así como “empleada de Estación de Servicio encuentra 20.000 pesos y los devuelve a su dueño”. La nota, como era de esperar, giraba en torno al encuentro del dinero y como, la chica bondadosa, había devuelto el dinero a su dueño. ¡Faltaba más! ¡Pensemos un segundo lo que estamos diciendo por favor!

El dinero no fue encontrado en la calle, suelto (o en una bolsa o similar) sino que fue encontrado dentro de un auto. Por lo que, hasta ahí, no hay demasiada hazaña que digamos. El dinero tenía un dueño claro (no es que se tuvo que buscar al dueño de forma complicada) por lo que, hasta acá tampoco, no parece haber gran cosa. Por si fuera poco, en caso de no devolverlo, la muchacha hubiera sido una ladrona. Es decir, ya no solo premiamos las cosas que se hacen bien (por ejemplo ayudar a cruzar un ciego la calle) sino que (quizás producto de que las acciones altruistas ya no se ven tan seguido) ya premiamos el hecho de no convertirse en un delincuente. Quizás mañana salga en la tapa de El País “El héroe de 1.70: no fumó en todo el día y fue al liceo en la mañana”.

Espero hoy, lunes y con pocas noticias, saquen otra noticia anunciando que, en otro punto de la ciudad, un cuidacoches no le robó las tazas a un auto, o que un cajero del banco no se llevó todo el dinero. O mejor aún: que entrevisten nuevamente a la muchacha de los 20.000 pesos para que diga como, hoy lunes, encontró una radio en un auto que estaba lavando y, en vez de llevársela para la casa y venderla en Mercado Libre, se la devolvió al dueño. Pero se ve que este era más amarrete, porque no le dio nada de dinero.

—————-

* ¿20.000 pesos abajo del asiento de atrás todos desordenados? Yo no soy Sherlok Holmes, pero esto a mí me suena harto sospechoso. ¿Se olvidó de que los tenía ahí? Vamos che… este es un pueblo chico, así que a no tirar fruta. ¿Dónde están nuestros detectives cuando se los necesitan? ¿Dónde está Dick Tracey?

Cuando 1 no es igual a 1

La economía es lo que tiene, una cosa no vale lo mismo en todos lados. Es decir, el costo es siempre el mismo. Pero el valor, no. Una coca cola cuesta lo mismo acá hoy, que en las costas de Punta del Diablo el 2 de enero. Sin embargo, la segunda valdrá notoriamente más. Este principio de la economía (basado en el libre juego de la oferta y la demanda) me acompañó durante toda mi vida, y aprendí a vivir con él.

Por ejemplo, un taxi de mi casa (kilómetro 18.500) hasta Zonamérica cuesta unos 200 pesos. Puedo optar por tomarme cualquier otro taxi y quizás me salga más barato. Es el juego de la oferta y la demanda porque, por más que haya una tarifa fija, depende de dónde me lo tome cuánto me sale. Para darles una idea, el otro día me tuve que tomar un taxi desde el centro de Montevideo hasta Zonamérica (como pagaba la empresa me pude tomar un taxi). Costó 234 pesos. Es decir que hacer 22 kilómetros para uno cuesta tanto como hacer 5 para otro. Pero es el juego, y hay que aceptarlo.

Pero, este juego a veces se ve interrumpido. Fundamentalmente por cuestiones sociales, en las que los precios se arman. Caso del pan, la leche (aunque el Punta del Diablo el 2 de enero cuesta sensiblemente más), y el transporte urbano y suburbano. Es decir, no importa la hora ni el lugar (si hace calor, frío, o es martes) el boleto del ómnibus de Montevideo costará 13.50 pesos. Y no importa si el chofer está cansado o es su último día antes de una merecida licencia, el boleto suburbano (ese que me lleva a casa, en el kilómetro 18.500) cuesta 22 pesos. Sin embargo, con este juego no he aprendido a vivir todavía.

El otro día, por cuestiones de trabajo tuve que ir a Zonamérica. Me tomé un interdepartamental y pagué el precio: 17.50 pesos. Me senté y disfruté de la hora y algo que tenía de viaje. Me bajé cerca del kilómetro 23, y fui a trabajar. Cuando me volvía, como no hay un ómnibus directo desde Zonamérica a casa, me tomé otro al aeropuerto, para ir caminando hasta casita. Es decir: debía ir a medio camino de Zonamérica y Montevideo. Mucho menos que medio camino, diría que unos 5 kilómetros a reventar. Pues bien, el boleto costó 23 pesos. La misma compañía, diferente trayecto obviamente… todavía no puedo entender cómo es que el boleto cueste de Montevideo a Zonamérica cueste 17.50, y de Zonamérica a Montevideo 23.

Lo que es más tragicómico es que es casi lo mismo tomarme otra línea que me lleve a Montevideo y después otra hasta casa (por ejemplo, el 103 que cuesta 13.50, y después cualquiera que me lleve hasta el Geant, pagando otros 13.50, y caminar MUCHO menos que del aeropuerto a casa). Estos juegos yo ya nos los entiendo… deben ser para mayores de 18.

Toma Moreno!

1829, los obreros de los Estados Unidos se juntan y llevan adelante una serie de medidas para lograr rebajar su jornada laboral: de 18 horas (o más) a 8 horas. Al principio se movilizaron directamente con el congreso de los Estados Unidos, amenazando con llevar adelante una huelga masiva el 1 de mayo de no conseguirse resultados. Se vota entonces la Ley Ingersoll, que básicamente decía que no se podía obligar a trabajar más de 18 horas a nadie, so pena de una multa de 25 dólares. La mayoría de los estados promulgó leyes y decretos que, si bien reglamentaban la jornada de trabajo de 8 horas, permitían el trabajo de más (18+) sin problema ninguno. Dado que, por la vía de los hechos, la ley Ingersoll no se cumplió, la huelga parecía inminente. Inclusive a pesar de los esfuerzos de la Nueva Orden de los Caballeros del Trabajo (principal organización de trabajadores de los Estados Unidos) para evitar que se hiciera la huelga. 1 de mayo, 200.000 trabajadores en huelga y otro tanto amenazando con el paro. Sin embargo, esto tiene y no tiene nada que ver con los Mártires de Chicago.

Los trabajadores de Chicago se llevaban la peor parte, y los empleados de la fábrica McCormik estaban en huelga desde el 16 de febrero. Fundamentalmente porque les querían descontar parte de su sueldo para construir una iglesia. Como los trabajadores no trabajaban, la fábrica se mantenía con esquiroles, rompehuelgas o carneros. El 3 de mayo, se produjo en la puerta de la fábrica una concentración de los trabajadores para protestar por sus reclamos, y cuando los esquiroles salieron de su turno, se armó una pelea bastante complicada. La policía que ahí estaba, disparó a discreción, y hiriendo y matando a varios cientos de obreros (la fábrica tenía 50.000). Esos son los mártires de Chicago.

Después, sí… revueltas, protestas, homenajes a los caídos, presos, asesinados, enjuiciados, y por fin: 8 horas de jornada laboral. Que, paradójicamente, no se celebran en los Estados Unidos (el Reino Unido y Andorra son los otros dos países de occidente que no lo celebran).

Pues bien… fiel a nuestros principios basados en la orientalidad (es decir: somos atorrantes y cuando menos podamos trabajar mejor para nosotros, y el resto que reviente) el próximo jueves se conmemora una vez más el Día del Trabajador. Acto del PIT, acto de alguna otra central, hablará alguien en la plaza de los Mártires de Chicago frente al Palacio. ¿Quiere ir? Solo si tiene auto, porque el servicio de transporte urbano, y suburbano no funcionará. No hay ómnibus, no hay taxis. ¿Tiene una tía enferma y es el único día que la puede ir a visitar? Alpiste. ¿Querés ir al acto pero vivís a 20 kilómetros? Camina amigo, que hace bien para la salud. ¿Te clavaste una madera en el vientre y consideras que es prudente ir al hospital? Pedile el auto al vecino, porque no va a pasar el 136.

Esto ya de por sí es bastante negativo. El servicio de transporte es esencial, porque es lo que permite que en una ciudad de 1.5 millones de habitantes, la gente se pueda mover. Vaya del Prado a Buceo, del Cerro a Punta Gorda, y de Cordón a La Blanqueada sin tener que pasar penurias. Y, si bien es cierto que el 1ero. de mayo no se trabaja, debería (cuando menos) existir un servicio de transporte de emergencia. Si pasa siempre cada 20 minutos, que pase cada hora y media. No se puede dejar a toda la ciudad parada.

Pero momento, que esto es diametralmente peor. Porque, al contrario del resto de las cosas, en Uruguay el 1 de mayo llega antes. El iPod llega varios meses después, la crisis siempre llega 6 meses después que llega a Argentina, y el fin del mundo llegará 30 años después que en el resto del planeta. Pero el 1 de mayo llega antes. Mucho antes. Porque llega el miércoles 30 a las 19 horas. A esa hora dejan de salir los ómnibus. Es decir que si usted trabaja y sale 19.30, yo que usted me converso al patrón para que me deje salir antes… por esas cosas de la vida quizás usted quiera volver a su casa, qué sé yo. Uno diría que la mayoría de la gente sale a trabajar a las 18, 18.30. Y puede ser. Pero, sin olvidarnos de los médicos, policías, profesores, estudiantes, bomberos, conductores, gente que tiene un bar, la gente que trabaja en un shopping, y demás, es importante entender que… el 1 de mayo es al otro día! Y así como el chofer de CUTCSA quiere volver a cenar con su familia para acomodar todo para ir al acto, el empleado de tiendas SI SI que trabaja en el Portones Shopping y sale a las 22, pero que vive en Manga, también quiere ir a cenar con su familia.

Es un despropósito, un atropello que, sin embargo, pasa. Y pasa sin que nadie proteste demasiado. Lo mismo sucede el 24 de diciembre, el 30 de diciembre, y otras fechas así especiales. Es que, en el fondo, queremos ser como Don Rodrigo: un adelantado.

Vino la maestra y le dio un coscorrón (literalmente ahora)

Ayer me sorprendí. En medio de la discusión sobre temas presupuestales para la enseñanza pública de nuestro país (y después de ver algunos mamarrachos por los maestros discutiendo frente a las cámaras de televisión), ayer viví un capítulo que, hasta el momento, no había conocido. Es decir, no quiere decir que no pase: sino que simplemente no tenía tanta cercanía.

Para aquellos que no saben, soy educador de un grupo scout. Por lo que tengo un contacto fluido con niños y jóvenes en una edad en la que tienden a conversar más con los adultos. Y, a su vez, en nuestro caso nos toman como referentes natos, por lo que cualquier cosa que les sucede, vienen a contarla. Es bueno. Creo. De cualquier forma, ayer me sorprendí. Veníamos caminando con algunos chicos que están en 6to. de escuela y de pronto uno comenzó a contar que su maestra había sido expulsada de la escuela por pegarle a un niño de su clase. Es cierto que, por ganar notoriedad entre sus pares, los niños tienden a “agrandar” los sucesos y pueden confundir un reto con un insulto. Pero una expulsión es más difícil.

Mientras que yo me quedé pensando cómo es que habíamos llegado a este punto sin darnos cuenta, otro de los niños comentó que en su clase habían tenido algunos problemas con un maestro que los había llamado “estúpidos” por no aprender los conocimientos. Al instante otros dos comentaron sucesos más o menos similares.

Y ojo, no estamos hablando de escuelas con contextos duros. No, no… estamos hablando de escuelas -todas públicas, es cierto- de Malvín, Punta Gorda, y Buceo. Es decir: todos barrios con una demografía y un nivel socio cultural alto.

Entonces me asaltó la duda: ¿esto es algo que pasa en todos lados?, ¿cuándo comenzó?, ¿en qué momento el tejido social se rompió tanto para que una maestra insulte a sus alumnos?. Pero sobre todo, si esto sucede en escuelas “pudientes”, qué podemos esperar en aquellas de contexto crítico donde los maestros están sometidos a otras presiones y los alumnos tienen menos herramientas para su defensa.

Ay Varela, ay Varela…

TGi Friday

Nunca se me había pasado tan rápido una semana. Bueno, tanto como nunca no sé… pero seguramente desde hace tiempo. No me queda del todo claro si es por todo el trabajo que me queda por hacer y que visualizo cada vez que veo la lista de to do que tengo en el escritorio, o es porque necesitaba que llegara hoy viernes para cobrar.

De cualquier manera es viernes, y mañana anunciaron lluvias. Y humo. Más humo. Así que vuelven las recomendaciones finesemanisísticas. Nada de pagar los casi 6 dólares del cine (puesto en verdes parece más todavía). Mandá a los pibes a la casa de los amigos, acercate al video club amigo (yo voy a uno que se llama Emule, pero hay varios) y sacá Death Proof, la última película de Quentin Tarantino. Dejate de pavadas de matemos a Bill y esas cosas: hoy con After Effects se hace cualquier cosa. Así que volvamos al cine barato, al cine berreta, al cine Z. Eso sí: hecho con tecnología del siglo XXI. Death Proof es, ante todo, un peliculón. Ok, no es como 2001: Odisea en el Espacio. Pero no deja de ser un peliculón. No me queda claro si la mejor parte es cuando una de las protagonistas se ata en el capó del auto y sale como desquiciada por la carretera; o, por el contrario, cuando Kurt Russell se deleita estampando a la rubia contra el parabrisas. Qué sé yo…

Pero, como siempre, lo mejor es la banda de sonido. Además de una impresionante versión de Los Smiths de una excelente canción, el disco tiene de todo. Ah, cómo me gusta la música. Ok, no es completo. Hay un par de temas que desecharía rápidamente, pero bueno… chiflar y comer gofio no sale. Así que a escucharlo también, y después que saques la película del dvdclub comprate esta banda sonora. Ideal para un viaje en carretera… ponele que de Montevideo a Atlántida o algo así. O de Salto a Treinta y Tres, no sé.

Se hace camino al andar

Tres jóvenes judíos, queriendo brindar un homenaje a sus abuelos, y transmitir las lecciones que aprendieron de sus antepasados que se enfrentaron al régimen Nazi, crearon el Proyecto Shoá: Memoria y Legado del Holocausto.

Esta idea nació hace tres años y medio, mientras pensábamos en un proyecto que pudiéramos hacer en relación al holocausto judío y como un homenaje que le debemos a nuestros abuelos.Samuel Dressel, uno de los creadores.

No he tenido el placer de ir todavía, pero sin duda alguna -teniendo en cuenta dónde es que estamos- el proyecto debe ser muy interesante y valioso. Es apoyado por la Universidad ORT, y declarado de Interés Nacional por la Intendencia Municipal de Montevideo, y la Presidencia de al República. Bravo por no olvidar, bravo por recordar, bravo por hacer la historia. No es fácil presentar proyectos como este.

No es fácil, fundamentalmente, porque hoy se tiende al olvido rápido. La cantidad de información por día es tanta, que la cantidad de atrocidades y muertes crece a un ritmo que no nos permite su asimilación. El presente y el pasado se nos hacen confusos a veces, y por más que no queremos olvidar, a veces se nos complicar asimilar lo que sucede hoy . Claro, tampoco ayuda a que, por ejemplo, el rabino Shmuel Elyahu comente que “se debería colgar de un árbol a los hijos de los terroristas”. O cuando se ocupan territorios de forma ilegal. O cuando se ataca a civiles en dichos territorios ocupados. O cuando un francotirador del ejército israelí le dispara a James Miller (periodista filmando un documental sobre los niños en Gaza, que viajaba con sus correspondientes identificaciones, y con una bandera blanca) desde 200 metros y le da en la nuca. No es fácil de mostrar la historia cuando el presente indica que el ejército israelí argumentó que Miller murió a causa del fuego cruzado. No había más nadie que él, su compañera, y el francotirador. O cuando se dispara desde un avión a un camioneta que dice en letras blancas sobre fondo negro “PRESS”, y entonces el periodista resulta seriamente herido. O cuando, el mismo periodista, meses después, filma su propia muerte (al igual que Miller) cuando nos permite ver como el ejército israelí le dispara un misil que tiene (expliquémoslo en nuestro lenguaje y sepan disculpar) algo así como clavos que, cuando el misil finalmente impacta, se esparcen por todos lados. Quizás la explosión no te mate, pero el clavo de metal sí. De hecho, por eso murió el periodista y los cinco niños.

No es fácil cargar con esa historia tampoco. Pero claro, vende menos también. Aquello de la paja en el ojo ajeno creo que era…

Una pausa y ya le contesto, ¿si?

Primero que nada quiero pedir perdón: este blog se está volviendo demasiado televisivo. Es que me sorprendo cada día más con nuestra caja boba. Pero la semana que viene cobro, me compro algún libro interesante, y entonces dedico mis tiempos libres a otra cosa. Gracias a GB que me tira algunas cosas para leer también.

Ahora sí… estaba yo en mi tiempo libre, cuando en una de esas el control de la televisión se cambió al Canal 4, Montecarlo. Y sácate!… no podía creer lo que estaba viendo. Es decir, salvo las carreras de Fórmula 1 (ahh… qué tiempos aquellos en que eran en vivo!) prácticamente no lo veo. No me interesa. Su informativo no está dirigido a mí, obviamente tampoco su grilla novelera, ni sus programas cómicos. No es culpa del canal, sin dudas: es que soy el público objetivo equivocado. De cualquier manera siempre me llamó la atención que pasaran los domingos a las 8 de la mañana la misa. Pero bue… para gustos, colores.

De cualquier forma, convengamos que en horario semi central (porque de día trabajo, así que necesariamente tendría que haber sido de noche) pasar el casamiento de la presentadora del informativo… qué sé yo, a mi me parece que es medio como que mala idea. Ojo… ojo, como no sigo la programación del canal, quizás se trata de un Reallity, y me perdí antes todo lo anterior. La parte en el que el novio empieza a actuar extraño, la parte en que ella (Gisela Moreira) piensa que está haciendo algún chanchullo porque inventa reuniones raras o quiere ir a comprar cosas solo, la parte en que todo se deschaba porque en realidad el novio iba a comprar los anillos y a ordenar los 250 sandwichitos a Los Fontanes, la parte en que se lo comunican a la familia y la madre de la novia llora, y el civil. La despedida de soltera/o quizás no la pasaron. No va de la mano con la misa dominguera.

Nunca había visto -en nuestra televisión- nada similar. Quizás sea algo para “humanizar” a los comunicadores, qué sé yo. Por supuesto, cambié o apagué la tele. Aunque la imagen ya no se borraría de mi retina. Flo me comentó que el otro día pasaron el civil. Y no es tan difícil de creer.

Me pregunto entonces qué falta ahora. Qué vendrá. La Comunión del hijo del dueño del canal? La primera salida del camarógrafo de la noche? Las vacaciones de la telefonista? Véalo en el próximo capítulo!

CSI: Montevideo (o cómo el hambre te puede llevar a la cárcel)

Desde que comenzó todo esto yo quería escribir algo, pero no sabía qué. Y además, cada dos semanas aparecía una nueva información, un nuevo hecho, un nuevo detalle, que hacía que, todo lo escrito estuviera mal. Aunque sí tenía clara una cosa: la historia estaba mal contada, como dicen los brasileños. Es decir, había algo que faltaba saber.

Parece que un día los dos iban a salir a cenar. “Tengo que ir a cambiarme” le dijo la mujer, “bueno… te espero acá en el auto. No tardes” habrá contestado el marido. La mujer subió al apartamento, entró, y casi se muere. Una mujer la atacó, la quiso ahorcar, le pegó varias patadas, le dio dos disparos en el estómago, la apuñaló, le pegó un par de patadas, y se fue. La víctima, desde el piso de su apartamento, gritó como una condenada. Los disparos se escucharon a varias cuadras a la redonda. Los obreros de una construcción enfrente escucharon todo. Y la policía no tardó en caer. 40 minutos después el marido subía a ver qué pasaba: alguien había intentado asesinar a su mujer. No quedaba claro por qué, quién, ni cómo habían podido entrar al apartamento sin forzar nada. La policía no tenía ninguna pista clara, y el caso empezó a tomar estado público: la contadora debe saber algo y por eso la quieren matar. Ningún periodista (repito, ninguno) se dignó a averiguar dónde trabajaba (y sobre todo, para quién) la contadora. De cualquier forma, algo faltaba contar, algo faltaba saber.

La víctima fue entonces hospitalizada en el Hospital Británico porque claro… se había salvado por poco. Mientras se recuperaba, su marido la cuidaba (por aquello de los votos matrimoniales asumo). Una noche, la misma mujer del principio ingresó al Británico disfrazada de enfermera y le trató de inyectar algo a la pobre mujer que, reconociéndola, comenzó a los gritos. Medio hospital revolucionado, pero la agresora logró escapar. ¿El marido? Dormía a su lado y no se enteró de lo que pasó. Cuando salió finalmente del hospital, se separó de su marido. Las malas lenguas dicen que lo dejó en la calle, sin un peso, y sin posibilidad de ver a su hija. La policía seguía sin pistas claras, y la opinión pública tenía clara dos cosas: la quieren matar porque sabe algo, y la policía no sirve para nada.

Como parece que no es normal que a uno lo quieran matar tan seguido, y además se había separado de su marido, la mujer se fue a vivir con su familia (sobre todo para tener a alguien cerca siempre). Una noche, cuando llegaba en el auto con su tío y su hija, dos sicarios le dispararon al auto, hiriendo al tío. Para el resto de los mortales, la contadora definitivamente sabía algo y la querían callar. Aunque claro… en esos lugares donde si sabés, la quedás… no existe el casi. O sabés o no, o te morís o no. No existe alguien que casi sabe.

Algunas semanas después la policía resolvió todo. La amante del marido quería matar a nuestra contadora y, en vista de que no había podido en dos ocasiones, contrató por 4.000 dólares a un par de sicarios para que terminaran el trabajo. Aunque parezca mentira, la policía los atrapó por golosos. Mientras que esperaban afuera de la casa de los parientes de la contadora, esperando que llegara, fueron hasta un almacén a comprar algo para comer, entre eso un alfajor. Y -bien de sucios- terminaron de comer y tiraron el alfajor a la calle. La policía encontró el envoltorio, y por el código de barras logró averiguar en qué zona y lugar había sido distribuido. Fue hasta el almacén y pidió los registros de la cámara de video, donde se veía a nuestros sicarios comprando con la amante del marido. Marchen todos presos. La historia cierra (la noticia no, porque seguirá, seguirá, y seguirá).

Ante esto, algunas cosas:

  • Ahora todos conocen a la mujer, y todos conocen al marido. “Era compañera mía de la escuela”, “yo jugaba con él de chico”, “vivían en el mismo edificio que la vecina de la novia del primo de mi amigo”. Relacionarnos con lo que se habla nos aumenta el espíritu y la autoestima.
  • Ahora, a todos nos cierra: era el marido.
  • Es increíble lo que la policía sabe hacer en algunos momentos. Claro, después va y un policía se viola un par de mujeres en un campo, o mata a su mujer por casos de violencia doméstica, y esas cosas no se pueden evitar ni, a veces, aclarar.
  • Qué difícil parece matar a alguien y, en contrapartida qué fácil que parece escaparle a la muerte. Si la historia fuera de cine europeo, la mujer saldría del juzgado contenta para empezar una vida nueva, y al cruzar una cebra se la llevaría puesta algún ejecutivo que venía manejando y hablando por el celular.
  • 4.000 dólares por matar a alguien parecen, a simple vista, poco dinero. Quizás era una oferta. Lo que nos recuerda que, aún en este tipo de negocios, la calidad y el precio generalmente van de la mano.

Obviamente la contadora, no sabía nada.