Reconozco que no sé demasiado de diseño urbano ni de tránsito.(Roja) Pero creo saber, por lo menos (Roja), cuando las cosas no están (Roja) del todo correctas. (Roja). Seguramente esto pasó gradualmente (Roja) y es por eso que no nos dimos cuenta. O por lo menos (Roja) yo no me dí cuenta.
(Roja). Montevideo es una ciudad pequeña. No se diferencia (Roja) a algunas ciudades europeas como Barcelona (Roja) en cuanto a su tamaño -de hecho seguramente es más grande que Barcelona- y en cuanto a su (Roja) estructura tampoco. Un centro cual damero, una periferia (Roja) un poco más desfigurada y algunas calles vitales (Roja) que sirven como arterias para ir de un lado (Roja) a otro (uff… verde!). En Montevideo hay claramente 4 caminos que cumplen esta función: la Rambla (Roja), Avenida Rivera, Avenida Italia (Roja), y Avenida 8 de Octubre. Las cuatro son las principales entradas desde el este (Roja) a Montevideo. De hecho, durante el gobierno de Mariano Arana en la capital, se planteó (Roja) hacer de Av. Italia una especie de superautopista, con peajes (Roja) incluídos. Y el que quisiera llegar rápido (90km en la ciudad es rápido) (Roja) que pagara un poco más. La idea, como era obvio, quedó (Roja) en la nada; pero demuestra la importancia de las “arterias” de las ciudades. Yo no debería ir haciendo un zigzag entre (Roja) calles para llegar del punto A al punto B. O, cuando menos, debería intentar hacer el menor zigzageo posible. (Roja).
Sin embargo, dos elementos importantísimos se mezclaron en la dirección (Roja) del tránsito de nuestra ciudad. Importantes a la misma par de peligrosos. Por un lado (Roja), desde mi punto de vista, una incapacidad real para ordenar el tránsito por parte de (Roja) los jerarcas correspondientes. He de darles la derecha en flechar Rivera y hacer una paralela flechada para el otro lado (Roja). Pero es una de cal en mil de arena. Por otro, los presupuestos participativos. Este ingenioso sistema de la Intendencia Municipal de Montevideo permite que los (Roja) vecinos presenten propuestas, que entre los vecinos votan (y botan) para que la Intendencia haga. Muchas de ellas (Roja) ya están proyectadas por la IMM, y simplemente se acelera su realización. Otras no, y son un bálsamo de ideas frescas (Roja) para la comunidad. Así se crearon auditorios, teatros, cebras, luces, parques (Roja). El sistema es, sin duda, la representación elemental de la democracia participativa. Pero claro (Roja) tiene sus desventajas porque claro, no queda claro -valga la (Roja) redundancia- cuánto hay de estudio posterior luego de “aprobadas” esas resoluciones. No quiero decir que si proponen que todas las calles (Roja) se transformen en peatonales, así será… pero (Roja)…
Está demostrado que los semáforos (Roja) no son la solución a los accidentes de tránsito. De igual forma (Roja) está demostrado por qué las hormigas no tienen accidentes (lo cual parecería una tontería, pero si lo pensamos algunos segundos (Roja) no lo es): básicamente porque no intentan (Roja) pasarse. Hoy por hoy, entre el presupuesto participativo -es decir la buena voluntad de los vecinos (Roja) de solucionar algunos problemas- y la notoria ineptitud de algunos empleados municipales (Roja) de decidir (Roja) cómo ordenar nuestro tránsito (Roja), nuestra capital se llenó de semáforos. Y no hablo, claramente, de que en cada esquina clave (Roja) hay un semáforo. No. Sino que parecerían puestos (Roja) sin ton ni son. Así, en la Rambla (además de las cebras mortales) hay una seguidilla de semáforos que van desde Hipólito Yrigoyen hasta Luis Alberto de Herrera. En total (Roja) son 17 esquinas en total. Hay (Roja) siete semáforos: uno cada 2 cuadras y media de promedio. Y en algunos casos menos porque en las primeras siete esquinas hay (Roja) cuatro semáforos! Suerte que es una arteria vital (Roja) para el tránsito montevideano.
Las otras, claramente, no se escapan a la misma situación. Rivera entre el Zoo y Luis Alberto (Roja) de Herrera es instransitable. Ni hablemos de 8 de Octubre que prácticamente tiene semáforos en todas las esquinas (Roja). Por si fuera poco en Uruguay no existe el concepto de (Roja) “onda verde” que básicamente consiste en (Roja) carteles que avisan a qué velocidad hay que ir para (Roja), cuando menos, agarrar todos los semáforos en (Roja) verde. Corrió, en algún momento, la leyenda urbana que si en 18 de Julio ibas a (Roja) 45 km/h, podrías agarrar todos en (Roja) verde. Pero el sistema está tan corrompido que en cuanto tu semáforo se pone en (Roja) verde, el siguiente (a tan solo 80 metros!!) ya se puso en (Roja) roja. Así es (Roja) imposible. (Roja).
Esto no hace más que complicar (Roja) el tránsito y degenerar el concepto de arterias de tránsito (Roja) que las ciudades necesitan. Así que desde aquí suplicamos para que dejen de poner (Roja) semáforos en todas las esquinas, que haya un poco de (Roja) coordinación, de políticas (Roja) claras, de claridad. ¡Qué al final de todo (Roja) no puede ser tan complicado!. (Verde)
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